Pasan las horas
sin apenas mirarme.
Horas huecas.
Horas de otros.
Horas que jamás serán mías.
Ilusiones y sueños
me ignoran
cuando asoman
por las calles con vida.
El tiempo
quiere borrarme
y cerrar el cuaderno negro.
Ese cuaderno
que escribe
con mi nombre
desde hace tantos años.
No digo nada.
A quién podría quejarme?
A nadie.
Es mi epílogo
que se va escribiendo
en un silencio que espanta.